A estas alturas sabemos muchas cosas acerca de cómo cambió nuestra forma de ver filmes cuando pasamos de verlos mayoritariamente en una sala (theater) y compartirlo con el olvidado video doméstico y el posterior pero rotundo salto al streaming, que más que una tecnología de distribución se ha convertido en un hito cultural
Quizá la más conocida y divulgada regla de esta evolución es que la tecnología posibilita nuevas formas de consumo, siendo el ejemplo más claro la integración de la banda ancha en esos dispositivos que llamábamos teléfonos, y que nos ofreció la posibilidad de ver largometrajes en pantallas de alta resolución pero pequeño diámetro, a pesar que la ley de la gravedad cultural imperante desaconsejaba ver formatos largos en pantallas pequeñas
Sobre esto hay un pista (clue) importante que me recuerda el mismísimo Matt Damon en una reciente entrevista con Joe Rogan: (traducción libre)
Netflix esta considerando repetir el argumento varias veces en los diálogos para que no se pierdan aquellos que hablan por teléfono mientras ven la película
Y segundo, el consumo en streaming vs salas esta alterando principios establecidos en el cine de acción, ya que los OTT quieren que la acción principal se concentre o desplace a los 5 primeros minutos en vez de distribuirlo en 3 actos con un incremento al final
¿Sorpresa? quizás para los que todavía piensen que el cine se hace para los que escriben sobre éste, pero Netflix et al tienen claro que las películas se hacen para el cliente que las ve y paga por ellas (esto último viene bien repetirlo)
La supuesta batalla del streaming (hace tiempo que no se oye esto ¿no?) no va de captar más abonados, sino del tiempo total de consumo (viewing time) y ahí casi todo vale incluso modificar la narrativa de los videos para adaptarla a la gente que los consume, una retroalimentación (feedback) que debería agradar a los que siempre clamaron por la participación no pasiva en los medios

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