Vuelvo a escribir en este blog tras un necesario periodo festivo, donde el mundo volvió a ser lo que siempre fue: un equilibrio inestable de fuerzas e intereses que no suelen cambiar, dejando un poco en entredicho a los heraldos digitales del nuevo mundo, la era 4.0 y muchos otros memes fabricados para ser compartidos con éxito
Como ya sabéis no me gusta mucho usar etiquetas al estilo de la era de , ya que o bien responde a modas pasajeras (lo que no excluye su interés!) o se suceden a tal velocidad que la mayoría no sabe en que época vive y el ranking de lo verdaderamente importante (¿era de la desorientación?)
En este inicio del 2026 los medios que atraen audiencias menos segmentadas nos traen de vuelta el petróleo, orillando un poco la IA (AI) como absoluto protagonista de esos productos que ellos llaman noticias, lo que también nos recuerda la sana necesidad de un pensamiento critico (apoyado o no por algoritmos) para asumir que la realidad NO responde a un relato único
Pensamiento Critico es un meme que aparece profusamente como un objetivo en grados y posgrados universitarios y en no pocos manuales de cultura corporativa sin que a mi juicio (IMHO) factores como el escepticismo y un análisis de partida no sesgado sean norma común, compartida y sobre todo, deseada
La digitalización universal no trajo la cultura del copia/corta y pega pero no cabe duda que la ha facilitado muchísimo y los LLM van por el mismo camino con sus algoritmos de atención probabilísticos (en general esto suele ir después que esto)
Hoy en día hay más clones que nunca y probablemente esa esa la razón por la que las empresas buscan empleados con superpoderes que no es que no se puedan automatizar, sino que resulta más caro o directamente no genera los mismos resultados
A estas alturas muchos se habrán dado cuenta que todas las empresas no pueden ser startups y que lo del Estado emprendedor era poesía intelectual o como mucho un paradigma para una era donde los gobiernos sean modelos de IA auxiliados por humanos
Lo que diferencia a los países y las grandes empresas es el montante total del coste de su ineficiencia, es decir en que medida su células eficientes compensan o sostienen sus identificados niveles de ineficiencia. Una manera pragmática de asumir que lo de la automatización de toda labor humana (con IA, computación cuántica o lo que venga) no es más que otro Woodstock

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